martes, 20 de noviembre de 2007

Dos en uno


¡No les crean a esos Judas, camaleones! ¡En nuestro tiempo es más fácil perder la fe que un guante viejo, y yo la perdí!
Era de noche. Yo iba en el tranvía de caballos. A mí, como alto dignatario, no me corresponde ir en el tranvía de caballos, pero esta vez llevaba una pelliza grande, y podía ocultarme tras el cuello de piel de marta. Y es más barato, ¿saben?.. A pesar de la hora tardía y el frío, el vagón estaba abarrotado por completo. Nadie me reconoció. El cuello de piel de marta me hacía un incógnito. Yo iba, dormitaba y “observaba a los muchachos”...
"¡No, no es él! -pensaba, mirando a un hombre pequeño con una pelliza de liebre. -¡No es él! ¡No, es él! ¡Él!"
Pensaba, creía y no creía a mis ojos...
El hombrecito con la pelliza de liebre se parecía terriblemente a Iván Kapitónich, uno de mis oficinistas... Iván Kapitónich es una criatura pequeña, agobiada, aplastada, que vive sólo para levantar los pañuelos soltados y felicitar por las fiestas. Es joven, pero su espalda está encorvada, las rodillas eternamente recogidas, las manos manchadas y a los lados... Su rostro parece agarrado por una puerta o azotado por un trapo mojado. Es agrio y mísero; al mirarlo, se quisiera cantar la Luchínushka1 y quejarse. Ante mi vista, él tiembla, palidece y se sonroja, como si yo quisiera comérmelo o degollarlo, y cuando lo regaño, se hiela y le tiemblan todos los miembros.
Yo no conozco a nadie más rebajado, callado e ínfimo que él. Incluso no conozco animales así, que sean más mansos que él...
El hombrecito con la pelliza de liebre me recordaba, fuertemente, a ese Iván Kapitónich: ¡él por completo! Sólo que el hombrecito no estaba tan encorvado como aquél, no parecía agobiado, se conducía con soltura y, lo más perturbador de todo, hablaba con el vecino de política. Lo escuchaba todo el vagón.
-¡Gambetta2 murió! -decía, volviéndose y manoteando. -Eso a Bismarck3 le viene a la mano. ¡Gambetta pues estaba en su juicio! ¡Él hubiera luchado contra el alemán y le hubiera cobrado una comisión, Iván Matvéich! Porque era un genio. Él era francés, pero tenía un alma rusa. ¡Un talento!
“¡Eh tú, qué basura!”
Cuando el conductor se le acercó con los boletos, dejó a Bismarck en paz.
-¿Por qué en su vagón está tan oscuro? -se abalanzó sobre el conductor. ¿No tienen velas o qué? ¿Qué desorden es éste? ¡No tienen quién les enseñe! ¡En el extranjero les darían! ¡El público no es para ustedes, sino ustedes para el público! ¡Qué diablos! ¡No entiendo, a qué mira esa jefatura!
Al minuto nos exigió que nos corriéramos todos.
-¡Córranse! ¡Les dicen! ¡Denle un lugar a la mesdame! ¡Sean más amables! ¡Conductor! ¡Venga aquí, conductor! ¡Usted cobra dinero, déle pues un lugar! ¡Esto es vil!
-¡Aquí no se permite fumar! -le gritó el conductor.
-¿Quién no lo permite? ¿Quién tiene derecho? ¡Esto es un atentado contra la libertad! ¡Yo no le permito a nadie atentar contra mi libertad! ¡Yo soy un hombre libre!
“¡Eh tú, qué bicho!” Yo miraba su jetita y no creía a mis ojos. “¡No, no es él! ¡No puede ser! Ese no conoce tales palabras como ‘libertad’ y ‘Gambetta".
-¡Ni qué decir, buenas reglas! -dijo, tirando el cigarrillo. -¡Vive pues con estos señores! ¡Están tocados en forma, a la letra! ¡Formalistas, filisteos! ¡Asfixian!
Yo no resistí y me carcajeé. Al oír mi risa, me echó una mirada de pasada, y su voz tembló. Reconoció mi risa y, debe ser, reconoció mi pelliza. Su espalda se encorvó al instante, su rostro se agrió al momento, la voz calló, las manos cayeron a los lados, las piernas se recogieron. ¡Cambió al momento! Yo ya no dudaba más: era Iván Kapitónich, mi oficinista. Se sentó y escondió su nariz en la piel de liebre.
Ahora yo miré su rostro.
"¿Es posible -pensé- que esta figurita agobiada, aplastada, sepa decir tales palabras como ‘filisteo’ y ‘libertad’? ¿Ah? ¿Es posible? Sí, sabe. Es increíble, pero es cierto... ¡Eh tú, qué basura!"
¡Cree después de esto en las míseras fisonomías de estos camaleones!
Yo ya no creo más. ¡Shabbath4, no me engañan!

1Luchínushka (vulgarismo), alabado, motete que se canta en las iglesias en alabanza del Santísimo Sacramento.
2León Gambetta, abogado y político francés que organiza la resistencia de Francia contra la invasión alemana de 1870.
3Otto, príncipe de Bismarck, ministro del rey de Prusia Guillermo I, que se distingue en la guerra de 1870-1871 contra Francia.
4Shabbath, sábado, descanso; (expresión popular), para, basta, deja, terminado.

Título original: Dvoe v odnom, publicado por primera vez en la revista Zritiel, 1883, Nº 3, con la firma: "A. Chejonté".
Imagen: Constantin Korovin, A Florence Street in the Rain, 1888